El pick up / Barranquilla
Las fiestas populares o de barrios tienen su nombre propio en torno a la ambientación musical, desde la década de los 50 comenzaron a incursionar grandes y pequeños aparatos creados con la finalidad de poner a bailar bajo las vibraciones sonoras emitidas por los parlantes de las potentes maquinas del sonido.
La creatividad y la imaginación fueron los elementos primordiales para armar un gigantesco transmisor de sonido que pudiera escucharse muchos metros a la redonda. Radios Técnicos e ingenieros de sonidos fueron pilares para que se diera lo que hace 55 años se llamará picos o pick up.A finales de la década de los 50 en la Costa, la mayoría de las fiestas eran amenizadas por orquestas, conjuntos vallenatos, papayeras, en fin, la música era en vivo. Los equipos importados, pues, eran para amplificar a estos grupos musicales. Quienes no tenían acceso a estos eventos sociales, la gran mayoría elitistas, tenían que conformarse con las escasas rocolas y vitrolas de cantinas, bares y tiendas de barrio. Y sería precisamente en El Corea, un famoso estadero ubicado en la calle 50 con carrera 18 en el centro sur de Barranquilla, donde tDebido a la cantidad de clientes que visitaban el local por la calidad de su música, traída del norte de África, sus dueños decidieron armar un equipo de sonido casero al que llamarían “El Coreano” y que sería el primer picó de Colombia (o el segundo, pues aún se discute quién vino primero, si este o su temibleAunque sería mejor decir, para hacer tronar discos. El parlante mayor es la parte más representativa de cada “picó” y alcanza dimensiones descomunales. La potencia de emisión del sonido de este altavoz, a la que se le suma la de los demás parlantes, ha hecho efectiva la leyenda. Es una realidad el que varios “picós” han echado abajo los muros de los salones en donde se les ha puesto a funcionar. Por eso, y muchas veces porque no caben por ninguna puerta, los “picós” se instalan a la entrada de las casas, sobre los andenes. Desde allí retumban los sones afrocaribes, para alegría o desesperación de todo el vecindario.
Además de los parlantes o “columnas de sonido”, los “picós” constan de una mesa con dos tocadiscos y de un inmenso baúl en el que se almacenan los discos. En éstos se incluyen, al gusto de los propietarios y de la clientela, exhaustivas colecciones de música de baile, preferencialmente de la música de baile del Caribe y de la llamada “salsa” que se incubó entre las colonias latinas de Nueva York.
Se calcula que en Barranquilla hay decenas de “picós”. Allí se inventaron y fue allí, además, en donde se generalizó la costumbre de bautizar los con un nombre .Y de pintar los frentes de sus parlantes. Aunque se dice que el “picó” llamado “El perro”, de Cartagena, fue el primero en ser pintado. Algunos sostienen que el más antiguo es el “1.310” . Y que el más grande y más famoso es “El gran Pijuán”. Este último está avaluado en un millón 300 mil pesos, está equipado con 18 parlantes de 18 pulgadas cada uno, además de las columnas grandes de sonido.
En general, casi todos los “picós” están localizados en un barrio de Barranquilla. El “Sivanicú” está en La Unión, “El gran Pijuán” en el Alboraya, el “1.310” en Las Nieves, “El nuevo Watusi” en La Victoria.
Luis Eljaie, el orgulloso dueño de “El gran Pijuán”, sin camisa, tomando cerveza a pico de botella mientras su flamante aparato retumba sobre el andén de su casa, confiesa que quizás el más viejo “picotero” de Barranquilla es Donaldo García. “Pero él ya es apenas un recuerdo, pues ahora no tiene “picó”, dice, mientras bajo el fulgor solar del trópico relumbran sus cadenas y amuletos de oro. Hace algunos años un par de chinos dejaron boquiabiertos a los barranquilleros cuando construyeron el “picó” más gigantesco hasta entonces conocido, “El Concorde”. Se trataba de un equipo sofisticado, completamente transistorizado. Hoy, en una de las avenidas del barrio Simón Bolívar, cercano a las grandes invasiones urbanas hechas por los destechados provenientes del campo, abundan “picós” a los que se les han adaptado equipos de betamax.
Así, en “La gran vía”, “Ipacarái”,, “La isla antillana” y en “Tranquilandia”, al mismo tiempo que se escucha la música se puede ver a la orquesta y al cantante que lo ejecutan en una serie de televisores distribuidos por el salón de baile.
Así que si usted es un fanático de la “salsa” y está dispuesto a arriesgar sus tímpanos, cuando vaya a Barranquilla no deje de conocer esta llamativa y espectacular invención de los “ñeros En los tempranos años 70’s los picós que mandaban la parada en Cartagena eran El Isleño del popular Cardales, El Mayor, El Ciclón, El Príncipe y en menor grado El Perro, El Huracán, El Platino, el Diamante, El Conde y el Almirante. Los Picós pequeños producían unos 200 vatios mientras que los más grandes alcanzaban hasta 3000 vatios de potencia.
La champeta, recordemos, tuvo su primer auge a finales de los 70 con Justo Valdez y Abelardo Carbonó; segunda mitad de los ochentas con Viviano Torres, principios de los 90 con Hernán Hernández (Prende la moto y El santo parrandero, única fusión conocida dentro de la champeta criolla) y William Simancas. Y actualmente con una producción más cercana a la casa picotera y no disquera, liderada por Chawala, Yamiro Marín, Luis García y Hernán Ahumada —este último de Barranquilla—que posibilitó el ascenso de Elio Boom (Francisco Corrales, quien le aportó al canto de la champeta el estilo rapero y del ragga que había echado raíces en el Urabá antioqueño en compañía de sus coterráneos Billy, Chaka, Toco Night), Alvaro “el Bárbaro” Zapata, Edwin Antequera (Mister Black), Sergio Liñán (Afinaíto) y otros.
contemporáneo “El Sicodélico”). Su nombre, su potencia, su música original y sobre todo, su dibujo simbólico inspirado en un tanque de guerra, lo convirtieron, no solo en un ícono de la época, sino en la inspiración de un movimiento
¿Y por qué se llaman “picós”?
Es difícil determinar en qué momento y por qué razón estos equipos de sonido reciben el mote de “pick ups” o como popularmente se les dice, “picós”. Sin embargo, contrario a lo que muchos creen (que el nombre viene de las camionetas de platón se movilizan), la mayoría de expertos coinciden en que el término viene de las primeras radiolas que llegaron a Barranquilla, la mayoría marca Victor. Estas contaban con un tocadiscos cuyas agujas (también llamadas “púas”) traían una contramarca que decía “pick up”.ento cultural feroz que continúa hasta hoyodo De Barranquilla
Posee una colección de 2 mil discos y su alquiler cuesta 1.500 pesos la hora. Su propietario actual, Luis Eljaie, quien está dibujado sobre las telas del parlante principal, dice que la máquina fue diseñada y construida por el técnico Jaime de Castro, un barranquillero que ha ensamblado la mayoría de los “picós”. La pintura de “El gran Pijuán” es obra de Herson Costa. Otro famoso pintor de “picós” es un artista que se cobija bajo el seudónimo de Bellist Mash.
En los 70 y 80´s El Isleño puso a bailar cientos de barranquilleros en las Verbenas de Carnaval como la Cueva Fantástica, Rancho Universal y La Pantera.
Los amplificadores de sonido de los Picós procedían de casas fabricantes reconocidas como Phillips, Harman o Marantz; aunque quienes no tenían dinero suficiente para hacerse a un amplificador “importado” tenían que recurrir a un técnico local para que le fabricara un amplificador hechizo con los famosos tubos L34, que daban la potencia de salida y en muchos casos tenían hasta 60 unidades montadas en paralelo o usaban otro tipo de tubos a los que llamaron popularmente ‘teteros’ que eran nada menos que los tubos usados por las emisoras para la emisión.
Muchos de estos técnicos mejoraron sus conocimientos y llegaron a producir amplificadores que resultaron ser de mejor sonido y mayor potencia que los importados. Estos hechizos criollos no tenían nada que envidiarle a los extranjeros.

Se dice que fue en Cartagena donde los Picós aumentaron su tamaño llegando en algunos casos a construir parlantes de 3 metros o más de altura, cada parlante podía contener 10 parlantes de 18 pulgadas. Se dice que el picó El Perro fue el que innovó en el asunto del tamaño y que dio la sorpresa en Barranquilla; en una oportunidad lo llevaron a una verbena en Barranquilla en el sector de La Cordialidad, por los lados del barrio El Bosque. A partir de ese momento comenzó la moda de los picós gigantes en Barranquilla y con ello vinieron los famosos duelos, principalmente en los barrios del sur de la ciudad.
En los años 70´s se dio un importante cambio en el que se pasa de la tecnología análoga de los tubos a los transistores o “checas” llamadas así por su parecido con las tapitas de las cervezas o gaseosas; pero muchos de los propietarios de picós se mantuvieron en la tecnologia tradicional de tubos ya que según ellos producían mejor calidad de sonido sobre todo en los bajos.
Aparece también el primer picó stereo conocido como EL CONCORDE cuyo slogan era “El Veterano Indestructible” y se preciaba de tener “ Técnica Japonesa” su propietario era TONY WON, ciudadano Chino radicado en Barranquilla.
Hasta la primera mitad de los años 70, la música del Caribe colombiano había estado de espaldas a las tecnologías musicales, como la de los teclados y el sonido de los sintetizadores y, en fin, de la percusión electrónica. Este panorama comienza a cambiar con la irrupción vía picotera, de los éxitos de Haití y otras islas del Caribe, que comienzan a llegar a las consolas de nuestras máquinas de sonido en Cartagena y Barranquilla.
El cuerpo del picó
Raúl Rambao, un técnico en electrónica de 43 años, es un conocedor de todo los aparatos que lleva dentro un pico. Sabe de esto porque sus estudios profesionales están ligados a este tipo equipos de sonido, y por que su padre tiene un picó que también dio mucho de que hablar en Soledad. El famoso escaparate es El Junior
“Porque sé fabricar amplificadores, soy soledeño, me gusta la música verbena y el mundo picoteril y porque mi padre me enseñó muchísimas cosas sobre esta linda escena del Caribe, fue que me decidí a crear mi réplica, y por supuesto lo hice en honor a mi padre”.
El Nuevo Junior, propiedad de Rambao, puede costar unos 10 millones de pesos, tiene tres años de vida musical y suele presentarse en estaderos y fiestas familiares.
Para la mayoría de los soledeños estas máquinas productoras de felicidad y buenos recuerdos son el mejor invento de finales del siglo 20, puesto que la mayoría añora tener uno para llenar su casa de los tiempos en los que Aníbal Velásquez y la Billo’s Caracas Boys eran los dueños del ritmo y la gozadera.

Háblenos sobre los “exclusivos” de los picós
Algo muy relevante de los picós era que todo el tiempo estaban buscando música exclusiva que sólo tuviera ese picó. El picó mandaba a una persona a África a comprar música, esta iba por ejemplo al Congo y escogía 300 acetatos, y como eran discos que no se podían conseguir aquí y sólo ellos tenían esas canciones, la gente tenía que ir a ese picó a oírlas, porque eran sus éxitos, los hits de cada picó. El tema de los exclusivos es importantísimo en los picós porque el público asocia o recuerda al picó con una canción. En una época se llegaba hasta a tachar o arrancar la etiqueta del disco con el nombre de la canción, para que los otros no supieran qué estaba sonando. En los 80 cuando empezó a entrar la champeta, les ponían placas encima a las canciones para que no se las copiaran. Las placas dicen cosas como: “esto no lo tiene nadie” o “yo lo tengo y tú no”, un uso que aún se mantiene, obviamente han variado con el tiempo.

Y ¿cómo se transforma esa exclusividad en la actualidad, cuando ya nada es exclusivo?
Más o menos desde los 90 o inicios de los 2000 cuando entró la parte digital, que se podían copiar las cosas, lo que hicieron los picós fue empezar a producir. En este momento no existe el exclusivo, ya murió.
El público alrededor de los picós, ¿continua siendo en su mayoría de barrios populares? O ¿se ve un picó en un barrio estrato seis en Barranquilla?
Eso está empezando a pasar hace alrededor de un año, están organizando fiestas con picós al norte de Barranquilla y en algunos sitios de Cartagena de estrato alto. La gente está un poco más abierta porque hace unos tres o cuatro años comprar un picó para la sociedad cartagenera era terrible. Ya el estrato seis oye champeta y música africana.
¿Cuál es la norma de prohibición de los picos de la que se ha hablado tanto?
Lo complicado fue que los picós grandísimos los tipo concierto, solo podían tocar en estadios realmente, entonces picós como El Rey de Rocha, El Boby o el Passa Passa, tocan sólo en la Plaza de Toros de Cartagena o fuera de Cartagena. Se han movido un poco hacia Pasacaballos, a sitios cercanos a Cartagena. En la calle o en sitios pequeños no se pueden poner a sonar.
Con los los turbos sucede ahora lo que pasaba en el pasado: el vecino saca su turbo, lo pone en la calle, el sábado o domingo en la tarde y los vecinos salen con sus cervecitas a jugar o a bailar, a estar con la familia, renace lo que antes era la unión del barrio alrededor del picó . El picó del barrio o de la esquina, cada uno le pone ahora su nombre, eso está generando un movimiento mucho más controlado, porque prima la concesión, si ponen un turbo en la calle, suena duro pero lo toleran entre ellos. Un vecino saca el de él un día, el siguiente le toca el turno a otra persona y así sucesivamente.
Se habla mucho de droga, alcohol y peleas en las verbenas, ¿qué pasa hoy?
En las verbenas de los picós grandes sigue pasando lo mismo: drogas, peleas y algunas pandillas que se reúnen allí. También hay enfrentamientos entre seguidores de picós, por ejemplo los del Boby no pueden ir a las fiestas del Passa Passa porque si se encuentran hay problemas. Entonces están prohibidas en Cartagena y Barranquilla. Está prohibido hacer verbenas con picós grandes, a no ser que sea una verbena con turbos.
¿Qué más suena ahora en los picos?
La música clásica, la que rotaban hace décadas, la siguen poniendo todos los picós. Música africana, champeta criolla, salsa.
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